El merengue de los años 80 fue una época de gran florecimiento y popularidad para este género musical, tanto en la República Dominicana como en otros países de América Latina y el Caribe. Durante esta década, el merengue experimentó una evolución en su sonido y estilo, incorporando influencias de otros géneros musicales y adoptando un enfoque más comercial y bailable. Caracterizado por sus ritmos frenéticos, sus letras alegres y su capacidad para hacer bailar a multitudes, el merengue de los años 80 dejó una huella imborrable en la historia de la música latina.

Artistas como Wilfrido Vargas, conocido por éxitos como «El Africano» y «Abusadora», se convirtieron en figuras emblemáticas del género durante esta década. Vargas y su banda, Los Beduinos, fueron pioneros en la modernización del sonido del merengue, incorporando elementos de otros estilos musicales y creando una propuesta fresca y bailable.

Otro destacado exponente del merengue en los años 80 fue Johnny Ventura, también conocido como «El Caballo Mayor». Con canciones como «Patacón Pisao» y «Merenguero Hasta la Tambora», Ventura se ganó el corazón del público con su estilo carismático y su energía arrolladora en el escenario. Su música fue un símbolo de la alegría y la fiesta característica del merengue.

Las Chicas del Can, un grupo femenino dominicano, también dejaron una marca indeleble en el merengue de los años 80 con éxitos como «Juana la Cubana» y «Ta’ Pillao». Con su estilo fresco y su actitud desenfadada, Las Chicas del Can se convirtieron en íconos de la música latina en esa década, demostrando que las mujeres también podían brillar en el mundo del merengue.

Juan Luis Guerra, aunque más conocido por su fusión de merengue con otros estilos como el jazz y el rock, también emergió en los años 80 con su álbum «Soplando», que incluía éxitos como «Ojalá Que Llueva Café» y «Visa Para un Sueño». Guerra trajo una nueva perspectiva al género, combinando la tradición del merengue con arreglos modernos y letras poéticas.

Billo’s Caracas Boys, una orquesta venezolana fundada en los años 40, también dejó una marca en el merengue de los años 80. Con canciones como «La Luna de Oriente» y «La Banda Borracha», Billo’s mantuvo viva la tradición del merengue mientras experimentaba con nuevos arreglos y sonidos.

Los Melódicos, una orquesta venezolana fundada en los años 60, también contribuyeron al merengue de los años 80 con canciones como «La Gran Cosa» y «El Muerto Se Fue de Rumba». Su sonido distintivo y su estilo alegre hicieron que fueran populares en toda América Latina.

La música electrónica de los años 70 y 80 fue una época de transformación sonora, marcada por la llegada de nuevas tecnologías y la exploración de territorios musicales vanguardistas. Estas décadas presenciaron la introducción y expansión de sintetizadores, cajas de ritmo y otros dispositivos electrónicos, lo que permitió a los artistas explorar sonidos nunca antes imaginados.

Pioneros como Kraftwerk, originarios de Alemania, fueron fundamentales en el desarrollo de la música electrónica. Su álbum «Autobahn» (1974) fue innovador al fusionar elementos electrónicos con influencias del krautrock, estableciendo las bases para géneros como el techno y el synthpop.

Jean-Michel Jarre, el músico electrónico francés, contribuyó significativamente con su álbum «Oxygène» (1976), que se convirtió en un hito en la música ambient y electrónica. Jarre utilizó sintetizadores analógicos para crear paisajes sonoros futuristas.

Rick Wakeman, conocido por ser el tecladista de la banda de rock progresivo Yes, también exploró la música electrónica en su carrera en solitario. Su álbum «The Six Wives of Henry VIII» (1973) fue un ejemplo destacado, incorporando sintetizadores y teclados electrónicos en una mezcla única de música clásica y electrónica.

Walter Carlos, quien posteriormente se identificó como Wendy Carlos, fue un pionero en la música electrónica y la síntesis de sonido. Su obra maestra, «Switched-On Bach» (1968), influyó en la percepción popular de la música electrónica al adaptar obras clásicas utilizando sintetizadores Moog.

Yes, la banda de rock progresivo, también experimentó con elementos electrónicos en álbumes como «Close to the Edge» (1972), fusionando el rock progresivo con sintetizadores y texturas sonoras innovadoras.

Isao Tomita, un pionero japonés en la música electrónica, ganó reconocimiento por sus reinterpretaciones electrónicas de música clásica. Su álbum «Snowflakes Are Dancing» (1974), basado en la música de Claude Debussy, utilizó sintetizadores para crear paisajes sonoros únicos.

Vangelis, conocido por su enfoque cinematográfico en la música, creó ambientes épicos con sintetizadores en álbumes como «Heaven and Hell» (1975), estableciendo su reputación como maestro de la música electrónica.

En el ámbito del rock progresivo, bandas como Pink Floyd incorporaron elementos electrónicos en álbumes como «The Dark Side of the Moon» (1973), fusionando la experimentación electrónica con el rock.

En la década de 1980, el surgimiento del synthpop tuvo un impacto significativo en la música popular. Grupos como Depeche Mode y New Order integraron sintetizadores y cajas de ritmo en sus producciones, creando un sonido distintivo y bailable.

Asimismo, la música de baile experimentó un auge con el surgimiento del house y el techno. Artistas como Frankie Knuckles y Juan Atkins fueron pioneros en estos géneros, llevando la música electrónica a las pistas de baile y definiendo la escena de la música dance.

En resumen, los años 70 y 80 fueron décadas cruciales para la evolución de la música electrónica, desde los experimentos pioneros hasta la integración de la electrónica en géneros mainstream, estableciendo así las bases para la diversidad y la influencia duradera de este género.

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