El manejo del estrés es crucial para mantener una buena salud física y emocional. El primer paso es reconocer su presencia, ya que cada persona lo experimenta de manera diferente. Los signos pueden incluir irritabilidad, insomnio, dolores de cabeza o malestar estomacal. Identificar estos síntomas y las situaciones que los provocan, conocidas como tensionantes, es fundamental para desarrollar estrategias eficaces.

Evitar comportamientos poco saludables es esencial, ya que recurrir a comer en exceso, fumar, beber alcohol o consumir drogas puede empeorar la situación. En cambio, es importante adoptar técnicas saludables. Realizar ejercicio regularmente ayuda a liberar químicos en el cerebro que mejoran el estado de ánimo y liberan energía reprimida. Cambiar la perspectiva, adoptando una actitud positiva frente a los desafíos y reemplazando pensamientos negativos por positivos, puede transformar la percepción de las situaciones estresantes. Dedicar tiempo a actividades placenteras, como leer, escuchar música o salir con amigos, también puede reducir el estrés.

La práctica de técnicas de relajación, como respiraciones profundas, meditación, yoga o taichí, ayuda a reducir el ritmo cardíaco y la presión arterial. Mantener relaciones cercanas con familiares y amigos y compartir problemas con ellos puede aliviar el estrés. Dormir entre 7 y 9 horas cada noche mejora la claridad mental y la energía, mientras que una dieta saludable proporciona energía y estabilidad emocional. Aprender a decir no y pedir ayuda cuando sea necesario puede reducir la carga de tareas y, por ende, el estrés.

Tomado de: https://medlineplus.gov/spanish/ency/article/001942.htm