El texto trata sobre la inteligencia espiritual y la evolución humana desde una perspectiva antropológica y filosófica. Comienza analizando qué es ser persona, destacando que el ser humano es un ser cultural además de biológico. Señala que nos desarrollamos a través de la educación y el aprendizaje.

Luego habla sobre la importancia de la comunicación para el ser humano y los problemas que genera el aislamiento. También analiza el rol de las religiones y los cambios en el sistema educativo, haciendo foco en la especialización excesiva.

Otro tema clave es la ética en la sociedad científica, ya que si bien el progreso técnico es positivo, hace falta un desarrollo moral para encauzarlo de forma sustentable. Introduce el concepto de «inteligencia espiritual» como capacidad de autoconocimiento y comprensión del mundo desde una visión más amplia.

Finalmente, aborda la religión desde su dimensión experiencial e institucional. Resalta que ofrece un proyecto de vida y que la mística genera transformación. Concluye que debemos conocernos a nosotros mismos para evolucionar, y que la religión puede acompañar el futuro de la humanidad con su hermenéutica.